miércoles, 28 de noviembre de 2012

Orígenes…

El texto que hoy vengo a publicar no es un artículo al uso. Se trata de lo que estaba destinado a ser la introducción de un compendio de mis artículos más destacados. Tenía previsto editarlo cuando Pedro, mi amigo y colaborador, me sugirió otro proyecto: Con vocación de servicio: Armas cortas reglamentarias, el e-book que  ambos editamos en octubre de este mismo año (2011).

Como quiera que me sobraba  un texto preparado —aquella introducción que no se usó—, hoy quiero compartirlo con ustedes.

Ernesto Pérez Vera

Orígenes…

Tras varios años escribiendo artículos relacionados con el mundo del tiro y armamento y la cartuchería y la balística policial, estos superan el centenar, motivo por el que he decidido editar este compendio. Los textos que conforman esta obra han sido publicados, en su mayor parte, en medios impresos y digitales especializados.

Con el tiempo llegué a crear incluso mi propio blog en Internet: Tiro Defensivo Reactivo Campo de Gibraltar. En el blog se han ido colgando, con cierta periodicidad, los artículos que escribía para los medios antes referidos e incluso algunos ex professo para él. En mi espacio cibernético también he dado sitio a un buen número de artículos firmados por amigos, compañeros y colaboradores. Destaca, entre estos, Pedro Pablo Domínguez Prieto, licenciado en Criminología, detective privado y buen conocedor de todo lo que circunda el mundillo del tiro y las armas. Un imparable entusiasta. Cuando por motivos de trabajo yo no puedo dedicar tiempo a redactar artículos para nutrir el blog, él siempre se presta a poner su buen hacer y criterio, también capacidad literaria, al servicio de mi rincón. Pedro ha publicado destacadísimos trabajos.

También fue Pedro Pablo quien me sugiriera, creo que con total acierto, el título de esta obra-compendio, En la línea de tiro y en la de fuego: Vivencias de un policía.  Lo acepté tan pronto me lo propuso. El título recuerda, y mucho, al de la obra escrita por el desaparecido Pepe Cabrera, comisario del Cuerpo Nacional de Policía (CNP). El libro de Cabrera, Vivencias de un policía: Tráfico de drogas en la Costa del Sol, es, para mí, un referente profesional. Es el cuaderno de bitácora de un policía que ha hecho historia en nuestras fuerzas de seguridad. Pero hay más, yo ejerzo como funcionario de policía en el Cuerpo de Policía Local de La Línea de la Concepción, ciudad de la que también soy natural. El título, por tanto, se presta al juego verbal y literario.   
  

Entre los artículos firmados por mí hay algunos a los que les tengo espacial cariño. Es el caso de aquel titulado Fisiología en el enfrentamiento armado, pues fue mi primer trabajo expuesto en un medio impreso, concretamente en la revista Todo Seguridad número 14 (octubre de 2008). También me causó cierta alegría, llenándome de orgullo, Legalidad de la punta hueca en España, que fue la primera portada que un trabajo mío ocupó (periódico Armas.es, de diciembre de 2008).

Lo cierto es que esta no es la primera vez que varios de mis trabajos se aglutinan en un mismo archivo o documento. En julio de 2011 fui requerido por la Asociación Española de Tácticas Defensivas a fin de redactar un temario para un curso on-line diseñado e impartido por la Universidad de Las Palmas de Gran Canarias (Aula de Extensión Universitaria). El temario del curso estaba compuesto, en su totalidad, por un buen número de artículos propios, siendo el nombre del programa Uso y proporcionalidad del arma. Gran satisfacción me proporcionó aquella experiencia, pues fueron más de 125 alumnos los que concurrieron. Para este documento, todos los artículos que lo conformaron fueron revisados y algunos ampliados.

Todos los textos que componen este compendio están basados en mi propia experiencia como profesional armado de la seguridad e instructor de tiro. Cuando expreso mis opiniones sobre los programas formativos de las instituciones armadas del país, siempre lo hago de un modo muy crítico. Algunos detractores dicen que lo hago de modo catastrofista. ¿Y saben qué? Puede que tengan razón. Por más que alguno quiera seguir diciendo que la formación recibida por los integrantes de las diferentes categorías/especialidades profesionales del sector privado (vigilante de seguridad y escolta) y de los policías es sobresaliente, no es así. ¡No dicen verdad! Desde mi punto de vista, mienten o ignoran la realidad. Esa instrucción es, siendo generoso: escueta, ínfima y casi siempre desacertada. Esa es la verdad de la formación en tiro y armamento que se recibe en los periodos básicos de instrucción en todas las instituciones armadas españolas.


Muy escasos son los centros de formación que desde el periodo de reclutamiento instruyen adecuadamente en estas lides a sus alumnos. En dos casos que me llegan a la mente, un aspirante dispara más cartuchos que otros en toda su vida profesional. En las unidades finales de destino la cosa no va a mejor, en la mayoría de los casos la instrucción periódica es nimia casi siempre e inexistente otras veces. En muchos sitios se carece de planes anuales de instrucción y en otros, aun existiendo en papeles, no se suelen cumplir.

Ya lo referí antes, aquellos que lo niegan mienten por interés, desinterés, ignorancia o desinformación. Aunque también es posible que algunos, muy pocos, posean la deseada formación que reclamo para la totalidad de la comunidad profesional. De hecho, es así. Pero que unos pocos disfruten de un adiestramiento de calidad, no es motivo para negar la mayor.

Con mis artículos pretendo dar a conocer mis opiniones, experiencias y también conocimientos nacidos, a veces, del estudio de grandes maestros nacionales y extranjeros. En España existen, sin duda alguna, muchos instructores más cualificados que yo. Algunos de ellos fueron maestros míos y hoy amigos. Varios incluso han publicado artículos y libros de un altísimo valor técnico-profesional. Estos son, entre otros, Javier Pecci, Francisco Herrero y Cecilio Andrade. A los tres, mucho tiempo antes de conocerlos en persona, ya los seguía a través de sus fantásticos aportes literarios. Pero antes de todo esto ya leía artículos que no siempre acertaba a comprender. Con pocos años de vida, menos de diez (nací en 1970), ya leía la revista Policía Armada, la cual traía mi padre a casa todos los meses. Aunque repasaba toda la publicación, me centraba en aquellos vetustos y rudos artículos sobre armamento, casi siempre relacionados con las armas reglamentarias en el Cuerpo. Mi padre ingresó en el actual CNP en 1969, entrando, por tanto, cuando se denominaba Policía Armada (PA).


En aquella veterana publicación de la PA siempre aparecían textos relativos a las armas y equipos de dotación, así como sobre competiciones deportivas de tiro celebradas en el seno de la institución (tiro de precisión, siempre). Durante años me pregunté por qué una operación aritmética daba nombre a un cartucho o calibre de arma, el 7,62 x 51 mm. No comprendía el sentido de la “x”. Yo era casi párvulo. Esto lo leía y releía en un artículo sobre el fusil de asalto Cetme modelo C, de aquel calibre. Durante muchos años me conformé con ese soporte y con fascículos semanales como Cuerpos de élite, Comando, Aviación de combate, Guerras del siglo XX y poco más. Fue en 1985 cuando se me abrieron los ojos y las puertas al mayor conocimiento y entendimiento de muchas de las cosas hasta entonces incomprendidas. El Especial II de la revista Armas se convirtió en mi particular Mesías. Traía un amplio artículo sobre cartuchería y aunque versaba especialmente sobre nomenclatura, a mí me abrió los sentidos para poder seguir aprendiendo. Más bien para empezar a aprender. Conocí la existencia de la publicación por casualidad, cuando el profesor de Dibujo del instituto exigió un trabajo al que tuve que hacerle una fotocopia. La divina providencia, así lo entendí yo aquella mañana, quiso que ese día acudiera a una fotocopistería que vendía prensa y revistas. Allí me esperaba aquel maravilloso Especial II de Armas.


Pese a ser hijo y nieto de policías, ni mi padre ni mi abuelo me llevaron jamás a tirar con armas. Al revés, siempre trataron de inculcarme ideas para que abandonara la afición (pasión, más bien). Por casualidad descubrí el Club de Tiro de La Línea de la Concepción, que estaba recién inaugurado con el nombre de Sociedad Federada de Tiro de Precisión Campo de Gibraltar. Aquel Especial II de Armas refería la existencia de un club de tiro en mi ciudad. Mis primeros tiros los pegué con quince años recién cumplidos y fue mi amigo Miguel Medina Pérez el artífice. Miguel tenía sobre treinta años de edad y fue la primera persona a la que vi en el club, el día que me dio por llamar a su puerta cuando iba camino de la playa para darme un baño con mis amigos y con mi hermano Víctor. Jamás lo olvidaré: mi primer disparo lo hice con un revólver Smith and Wesson Masterpice K38  del .38 Especial. Días después gocé con una Astra 400 del 9 mm Largo y con una preciosa FN GP-35 Duotone de 9 mm Parabellum. Así estuve varios años, tirando con todo lo que otros tenían en propiedad y que osaban poner en mis manos.

Desde aquellas lejanas fechas, nunca he dejado de intentar mejorar y aumentar mis conocimientos, acercándome siempre a quienes parecían tener respuesta a mis inquietudes. En muchos casos únicamente era eso…, parecían, pues a poco que yo iba ganando conocimientos me iba dando cuenta de que pocos realmente sabían sobre los temas a los que respondían, por más que fuesen excelentes tiradores de precisión. Entre estos había agentes pertenecientes a las Fuerzas Armadas y de Seguridad, pero sobre todo civiles en posesión de la licencia de armas T, la actual F. Una época fantástica en la que no perdía la ocasión de quemar pólvora, mucha pólvora.

Con los años, no muchos más, ingresé en las Fuerzas Armadas, pudiendo disparar casi diariamente durante mucho tiempo. Pertenecer a la Patrulla de Tiro del Regimiento (competición militar en la que se conjugan carreras de fondo, velocidad y tiro a 200 metros de distancia con fusil de asalto, a siluetas que simulan ser combatientes rodilla en tierra) me proporcionó la experiencia de conocer muy a fondo a la “gran bestia” que es nuestro sempiterno “chopo”, el Cetme C. Tras abandonar el Ejército ingresé en la comunidad de la Seguridad Privada, pasando primero por la ya extinta categoría/especialidad de auxiliar de investigador privado, para después ser vigilante jurado, hoy vigilante de seguridad, y finalmente ejercer varios años como escolta privado (siempre en posesión de la licencia de armas C). Eso sí, durante esos años también fui poseedor de armas guiadas para tiro deportivo, adquiriendo casi siempre pistolas diseñadas para seguridad y defensa, como aquella Sig Sauer P-226 que tanto me gustó siempre y que hoy emplea un experimentado jefe legionario (se la vendí). Siguiendo con la cronología, en 1999 ingresé en el Cuerpo de Policía Local de La Línea de la Concepción y con ello llegó el momento de poseer armas a otro nivel de usuario: licencia A. Recibí mi primer arma de fuego reglamentaria, una pistola HK-USP-C, como policía en prácticas en 2000.

Durante estos años, en base a todo lo descrito, he ido acumulando los conocimientos, experiencias y conclusiones que documentan todo lo que aquí podrá leer. Aspiro a poder aportar algo positivo a todo el que estudie estas páginas. Mi intención es, principalmente, que la gente tenga otra visión y perspectiva que le sirva para resolver dudas y situaciones cotidianas en los entrenamientos u hostilidades propias del ejercicio de la profesión, llegado el caso.